El arte como experiencia crítica
por
Daniel Acosta
(julio 2003) ![]()
La era de oro de la humanidad no ha arribado. La sectorización de los avances de la ciencia se nos presentan muy alejados por la hegemonía del poder y la dosificación económica, empleada para otorgar los beneficios a la sociedad. En este sentido, la idea sobre el progreso, a partir de los descubrimientos realizados en el último siglo parecería situar a la humanidad más próxima a ampliar la distancia que a reducirla.
En épocas pasadas el romanticismo planteó un modelo diferente al que estaba naciendo: el de la sociedad industrializada. A partir del retorno de las ideas comuneras y la relación horizontal con la naturaleza, tomando como herramientas de resistencia los estados anímicos más intensos, hasta el éxtasis, apartándose de la idea de belleza como lo delicado, lo armonioso, para buscar lo sublime a manera de lo inmenso, lo misterioso y oscuro.
En esta encrucijada histórica los artistas deciden darle la espalda a las ideas racionalistas como solución de los problemas de la sociedad. Théodore Gericault con su obra la Balsa de la medusa plantea lo heroico del sufrimiento. También sostiene que el aislamiento y el ser vulnerable constituyen la propiedad de la circunstancia humana. En Alemania Caspar David Friedrich, con su pintura Mar Polar (1824) propone una especie de triunfo de la naturaleza sobre la aspiración humana. En Inglaterra John Constable y William Turner son los artistas que exploran la visión más radical de los románticos. Turner se ata al mascarón de proa de un bergantín para sentir la furia del mar y la naturaleza.
Sería interesante acceder a la posibilidad de poder contar con una máquina tele transportadora y viajar hacia el futuro, conocer el pasado y así aportar a nuestro presente incierto. Por último, si los dioses lo permiten, preguntarnos si volveríamos optimistas después de semejante aventura.
¿Cuál sería la realidad del arte en este contexto hipertécnico? ¿Todos los formatos estarían digitalizados y cada vez más alejados de la realidad orgánica o natural? Las experiencias críticas como las llevadas a cabo por el pintor español Goya, o el panteísta holandés Vincent Van Gogh ¿qué significación tendrán en las próximas generaciones?
El derecho sobre el conocimiento científico y sus invenciones, que despeguen la civilización hacia un devenir, no son aún una conquista, una propiedad social. La concentración del conocimiento, en manos oportunistas y con mentalidad mercantilista augura de este modo un futuro más frágil de lo representado. Esta apreciación surge, a pesar mío, después de haber sostenido la convicción en la ciencia moderna y en el progreso como estandarte de la búsqueda de la verdad. Mientras los investigadores creían únicamente en su moral y su visión cientificista del mundo.
Jerónimo Bosh nos adelanta, en sus magníficos cuadros, los terrores construidos por la especie humana en el medioevo. Los infiernos que debemos padecer a partir de la decisión de abandonar las utopías de los paraísos celestiales; en busca de la construcción de una entidad, que exige una determinación propia, compleja pero potencial, para realizar el proyecto humano.
Esta situación paradojal también fue retratada con esplendor por El Bosco. La regresión en esas ciudades futuristas, plenas de jardines fatales, nos ubica en un descreimiento profundo del porvenir. Los datos de la experimentación realizada sobre poblaciones indefensas por las innovaciones tecnocientíficas en las primeras y últimas guerras son contundentes.
El Guernica, obra maestra de Pablo Picasso, expresando el horror de los bombardeos al pequeño pueblo de España, es inobjetable. La obra de Anselm Kiefer, sumergiéndose en los tormentos de Auschwitz y las úlceras abiertas en el alma humana, en este nuevo contexto cultural. Mientras Juanito Laguna mira extraviado en el medio de una ruta desierta el orbitar del Sputnik, cohete ruso también perdido que despertaría la esperanza en un sector de la sociedad. Confiando que esta vez sí se iba a transferir al mundo otra actitud, otra relación desde lo tecnocientífico, demostrado que no basta una orientación política, ante la complejidad de intereses, para arribar al objetivo de una comunidad planetaria beneficiada por sus distintos desarrollos teóricos.
León Ferrari realiza su trabajo La civilización occidental y cristiana denunciando los bombardeos en Vietnam, con los últimos adelantos de la ciencia puesta al servicio de la maquinaria bélica más poderosa del mundo. Ya los libros de ciencia-ficción nos habían introducido en un sinnúmero de escritos, que nos entregaban páginas muy bellas, de ese destino no muy merecedor de ser conocido.
Noé y sus pinturas sobre la dictadura militar en los 70. Los muralistas mexicanos, y en especial Diego Rivera, plantearon la esperanza en la ciencia para alcanzar la utopía del cambio universal. Sería bueno repasar los conceptos del modernismo en cuanto a la idea que de la mano de la ciencia el progreso sería una constante. Es indudable que la ciencia y la tecnología han traído progresos en diversas áreas, explicando su pasaje del mostrador a las góndolas y luego a la sociedad toda.
Los ejemplos en cuanto a la comunicación, biotecnología, entre otros, son contundentes. Hoy todos estamos interconectados, formando a partir de este dato, una sociedad globalizada. Pero es interesante recordar lo sucedido a mediados del siglo pasado en Inglaterra con las innovaciones técnicas y su impacto en el ámbito cultural y social. Cientos de miles de trabajadores quedaron excluidos de su trabajo, al generarse la transformación en los nuevos medios de producción. La nueva cultura trajo beneficios a los dueños de las novedosas herramientas, pero desocupación y miseria a los trabajadores. Un proceso similar sé esta viviendo en esta etapa de la civilización, con grandes masas de trabajadores en la calle, la concentración de los medios técnicos en una élite y la alienación en la sociedad. Esta contradicción entre ciencia y progreso se dió en el marco del romanticismo en Europa. Las ideas del positivismo alentaban la posibilidad de una sociedad feliz en un futuro cercano; por el contrario, generaron concentración de poder a partir de profundas diferencias económicas y -como no podía ser de otra manera- culturales.
Creo que -en estas circunstancias- ser optimista acerca de un cambio en el abuso de los medios electrónicos es ingenuo. Para conformar una sociedad en libertad y democracia real no alcanza, solamente, con más ciencia y técnica. Los aportes del arte y otras disciplinas afines, a mi entender, contribuirán a mejorar las relaciones humanas y contribuirán no a quemar las naves antes de arribar a puerto.