Lo que queda del "Que se vayan todos"
por
Héctor Becerra
(mayo 2003) ![]()
hectorbecerra@palalbedrio.com.ar
Desde una perspectiva histórica podríamos llegar a suponer que los desaparecidos son el lamentable y luctuoso saldo de la dictadura militar. El autor nos demuestra que hay más, que el terrorismo de Estado ha dado lugar como efecto residual- a una cultura de la desaparición que está afectándonos no sólo en la manera de enfermar, sino también en el ejercicio democrático
Pese a que no aceptaban con beneplácito los cortes de rutas, puentes y calles de los piqueteros que se sucedían de manera continua y creciente desde 1997- la protesta de la clase media motivada por el corralito toma de aquellos su formidable potencia contestaria. De allí que las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 exacerban una crisis de gobernabilidad que ya padecía el endeble presidente Fernando de la Rúa y desencadenan un vigoroso fenómeno social inédito en los últimos veinte años.
Los analistas políticos se siguen preguntando por qué los movimientos obrero y estudiantil grandes protagonistas de todos los eventos sociales del siglo XX- se mantuvieron ausentes durante dos décadas y ni siquiera acompañaron a los desocupados y los ahorristas en las manifestaciones de fin de año. Estos analistas políticos olvidan que la represión instaurada durante el Proceso ha sido responsable de miles desaparecidos, lo cual y como efecto residual- ha dado lugar a una cultura de la desaparición. Esto quiere decir que si bien en un sentido cronológico la dictadura dió paso al proceso democrático, el terrorismo de Estado ha afectado no sólo a las víctimas y sus familiares, sino a todo el cuerpo social, de manera continua y aparentemente- invisible.
En 1975, la entonces presidente de la Nación, Isabel de Perón, había firmado un decreto que encargaba a las Fuerzas Armadas la aniquilación de la subversión. Esta resolución dará lugar a una discusión bizantina utilizada por los militares para justificar su accionar contra las organizaciones guerrilleras. Debemos concluir que se trató de terrorismo de Estado porque la represión de las organizaciones guerrilleras, se lleva a cabo sin tener en cuenta los derechos de quienes las integraban; es decir, que los militares libran una supuesta guerra sin atenerse al Derecho. Es claro que desde el punto de vista ideológico y mediático no se le da a los enemigos estatuto de tales, razón por la cual se los denomina banda de delincuentes armados; es decir se los trata como criminales suponiendo craso error- que de esa manera no serían pasibles de Derecho.
Para llevar a cabo sus propósitos de aniquilar la guerrilla los militares combaten tanto a los militantes ideológicos como a los afiliados y adherentes a los partidos de izquierda; tanto a los ideólogos como a los guerrilleros; tanto a hombres como a mujeres y niños; tanto a cómplices como a parientes y amigos, tanto a culpables como a inocentes. Esta indiferenciación entre combatientes y no-combatientes, entre unos y otros vulnera la confianza en el sistema. La angustia por la propia subsistencia crea una adaptación al último recurso estratégico del sujeto: la aceptación del fenómeno del terror.
La indiferenciación entre combatientes y no-combatientes, lleva a otra profunda indiferenciación entre víctimas y victimarios, de allí el desconcierto y el espanto que ha producido en toda la sociedad la constitución de parejas, desde las que se que se constituían por una noche para salir a lugares nocturnos de diversión, hasta las que llegaron a una convivencia; también debemos mencionar la apropiación de bebes e inclusive ciertas alianzas muy actuales- entre empresarios y ex secuestradores. ¿Cómo puede ser que la víctima se enamore de su torturador? ¿Cómo puede ser que el asesino de sus padres eduque al hijo con tanto esmero? La indiferenciación víctima-victimario pone de manifiesto la desaparición de los límites del yo, desaparecido el yo desaparece la posibilidad de discriminar el adentro del afuera, de discernir quién es el otro y desaparece la posibilidad de agresión y defensa.
En ocasión de una conferencia dada en 1966 Jacques Lacan sostuvo que la cultura hasta podía llegar a influir en la manera de enfermar y hoy -siguiendo esa idea del psicoanalista francés y algunas otras de Paul Virilio- hablamos de cómo una cultura de la desaparición influye en enfermedades que toman como escenario el cuerpo pero que se originan en un complejo entramado de causales genéticas y hereditarias; pero también, personales, familiares e históricas.
Hablando de la imposibilidad de distinguir el adentro del afuera resulta paradigmático el caso del sida, ya que el organismo tiene que defenderse ante el ataque de agentes externos: los virus; pero, al no poder distinguir los elementos patógenos que provienen del exterior, termina atacándose a sí mismo.
El sida, el cáncer, las adicciones, los trastornos de la alimentación son enfermedades con un componente de subjetividad mucho menor que el de la neurosis, el padecimiento que Freud descubriera a comienzos del siglo XX y que dió lugar al nacimiento del psicoanálisis. De allí que estas dolencias transcurran sin que el sujeto pueda comprender cual es su implicancia en ellas: una mujer anoréxica que pesaba 35 kilos se miraba ante el espejo y lloraba por su celulitis y sus estrías, ignorando por completo que la inanición la colocaba más allá de la cuestión estética- al borde de la muerte.
Tratar de pensar las patologías psico-somáticas no significa que supongamos que exista una relación positiva entre lo psíquico y lo somático; pero sí que existe algún tipo de relación que -siguiendo a Ilya Prigogine y René Thom- denominaremos como discontinuista. De allí que antes que psico-somáticas preferiría denominarlas implosivas, tomando como modelo la forma en que los ingenieros derrumban en la actualidad- los viejos edificios. Las patologías de la implosión acontecen en el sujeto, sin que el enfermo tenga conciencia de ellas, sin que moleste a su entorno: la familia y la sociedad.
El terrorismo apunta, entonces, a la disolución del yo; en definitiva, es un ataque a la esencia de la subjetividad. Tal vez, ahora sí pueda ser entendida la causa de la inmovilidad; no sólo de los sectores obrero y estudiantil, sino la de los veinte millones de argentinos que están por debajo de la línea de pobreza y los diez millones que han superado la de indigencia.
Quién dudaría entonces en afirmar que los piqueteros con la posibilidad de volver a expresar ante la sociedad su disconformidad han producido una verdadera revolución subjetiva, cuestión que luego se prolonga en la pueblada del 19 y 20 de diciembre, en las manifestaciones ante los bancos, en asambleas barriales, en los escarches. Todas estas expresiones han dado lugar a una política de emancipación, esto es una política de ruptura con un orden establecido.
Democracia en griego- significa soberanía del pueblo. De las diferentes definiciones de este concepto político pueden extraerse algunas ideas: a) la igualdad; b) la soberanía del pueblo expresada en el derecho del pueblo a darse a sí mismo una constitución y a nombrar en elecciones periódicas, los representantes del pueblo; c) la satisfacción de las exigencias esenciales del constitucionalismo moderno: salvaguarda del Estado de derecho, conservación del sistema representativo, garantía de los derechos fundamentales, división de poderes, predominio de las mayorías, respeto por las minorías.
Vamos a tratar de ir desmenuzando algunas de estas definiciones. A partir de las manifestaciones el argentino descubre o re-descubre maravillado que la soberanía del pueblo no sólo se puede expresar en el derecho a nombrar en elecciones periódicas a los representantes del pueblo, sino también en la posibilidad de ejercer el control de los gobernantes.
En un artículo de Le Monde Luis Bilbao sostiene que "el clima fue confundido con una situación pre-revolucionaria por organismos que, en lugar de buscar puntos en común de la creciente mayoría que comenzaba a salir del letargo, centraron su objetivo en ocupar puestos de comando en las asambleas populares", lo cual lo lleva a concluir que la izquierda habría perdido una inmejorable oportunidad de convertirse en alternativa del poder.
¿Luis Bilbao está especulando con que la izquierda argentina pudo llegar a suponer que las asambleas populares eran el prolegómeno de una lucha de clases con aspiraciones a la toma del poder por supuesto, como dice Marx en el Manifiesto- "derrocando por la violencia todo orden existente..."?
En teoría las clases poseedoras, que son minorías, luchan para retener lo que poseen, utilizando a las otras clases para producir en beneficio propio mayores riquezas. A su vez, las clases desposeídas, que constituyen la gran mayoría, luchan para conseguir la posesión de los instrumentos de producción y la riqueza tratando así de liberarse del yugo a que están sometidas. En la práctica y de acuerdo a lo que evaluábamos en las calles de Buenos Aires los ahorristas que protestaban contra el corralito parecían responder más a la descripción que Marx hacia de las clases poseedoras que las desposeídas.
Este tipo de contradicciones también se podía percibir a partir de ciertos análisis del funcionamiento massmediático. Nicolás Casullo relata -en una entrevista que le realiza la gente de El perseguidor- que en una protesta de ahorristas un movilero se acerca a una mujer para preguntarle por qué estaba tan exaltada, la mujer le pide que se identifique y el periodista le responde: "soy de TN"; ante lo cual la mujer le dispara: "Todo Noticias, Clarín, radio Mitre, Torneos y Competencias son todos una porquería, son todos unos ladrones, pesificaron la deuda, saquearon al país...". De allí que infiere Casullo- una denuncia tremenda al grupo Clarín, una denuncia que tal vez ningún periodista se haya animado a realizar, surge en pleno barrio de Belgrano de la boca de una dama de clase media-alta, la misma estirpe que la viuda de Noble.
Dice Luis Bilbao en el citado artículo de Le Monde: "el movimiento social no halla cause político, líderes que lo expresen, organización que lo articule, al menos hasta ahora. Esa carencia compromete el futuro del país, provoca desazón y afecta con rudeza a figuras políticas que apenas meses atrás se presentaban como posibilidad de recambio efectivo".
De acuerdo a su planteo existe una falla en los líderes que no han sabido capitalizar el descontento popular en aras de encaminar al pueblo hacia la toma del poder. El redactor de Le Monde piensa que ciertos objetivos podrían haber sido alcanzados en un tiempo determinado, en conceptos de la izquierda que él invoca, serían los tiempos de la pre-revolución, los de la revolución y, por último, los del comunismo.
Y si no se trata de eso, si no se trata de toma del poder a través de la lucha de clases, la crítica apuntaría hacia la forma en que los líderes deberían haber encaminado esa política de emancipación que ha sido una política de ruptura con el orden establecido hacia el voto popular que, en definitiva, es también- un orden establecido. En definitiva, tanto en el caso de la toma del poder a través de la lucha armada, como en el caso del voto popular el redactor de Le Monde está pensando en una mutación global.
Dice Alan Badiou que es necesario no subestimar el poder del orden establecido por las elecciones que, al final de cuentas es el orden del Estado y esto no es jamás inocente. Absolutamente cierto si nos atenemos a que el Peronismo se las arregló perfectamente ante la Justicia para no pasar por las internas, haciéndole suponer luego al electorado que se presentaban como opciones diferentes. A partir de esta falsa polarización -silenciada por los medios periodísticos argentinos- logran captar una masa de votos que jamás hubieran logrado capitalizar si luego de las internas se presentaban como partido, como la opción peronista. ¿Alguien supone que si el partido peronista se presentaba hoy a elecciones, luego de internas, hubiera sacado más del 30% de los votos? ¿Cuánto sacó sumando los porcentajes de los candidatos presidenciables Menem, Kichner y Rodríguez Sáa? Todo esto es tan brutal y a la vez tan payasesco que no pude dejar de asociarlo con los Titanes en el ring de mi infancia, cuando luchadores de catch como Karadagian, el Caballero rojo, la Momia y compañía nos asustaban desde el ring con una rivalidad que terminaba exactamente en las cantinas del bario de La Boca, o en las pizzerías del Centro, a la hora de cenar.
En conclusión, la actividad política parece no necesitar garantías para ser una práctica representativa, por una razón esencial: el colectivo, los grupos representados, son en la actualidad manifiestamente inconsistentes. El piquetero y el cacerolero, la ahorrista y el movilero, No podemos hoy hablar de clase dice Badiou- como si fuese una totalidad consistente. Todas las realidades colectivas están escindidas. Así, la idea de representación es una idea inconsistente. Por lo tanto, se hace necesario repensar la noción de democracia a la luz de los cambios que podemos leer en la idea de representación: por un lado lo que tendrá que ser representado es inconsistente; por otra parte, los representantes, estas elecciones lo demuestran, nos terminan usurpando nuevamente.
El periodista de Le Monde supone que las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 prolongadas luego en el fenómeno de las asambleas barriales y el estado de conmoción popular se habían desvanecido sin dejar saldo en términos políticos.
El periodista pone en palabras una crítica que se halla bastante instalada en el imaginario popular; Badiou sostiene por el contrario que muchas veces reducimos la complejidad de las situaciones políticas a una contradicción simple y una teorización termina pretendiendo encuadrar y reducir dicha complejidad.
Hemos querido describir meticulosamente el deterioro de la subjetividad producto de una cultura que hemos llamado de la desaparición. De allí que entandamos que existe una situación psico-social tan compleja que siem pre va a exceder los recursos del proceso político. Tenemos que abandonar la idea propone Badiou- de que la política pueda alcanzar en períodos acotados de tiempo un Ideal social. Es la pretensión del redactor de Le Monde cuando se refiere a que ciertos objetivos no han sido alcanzados. Como si a pesar de la situación psico-social descripta no fuera suficiente con lo que los piqueteros han logrado, ni fuera suficiente con el derrocamiento del presidente De la Rúa, ni fueran suficientes las asambleas, ni los escarches, etcétera, etcétera. Todo ello debería además- haber derivado en una mutación completa, total. Debemos abandonar la idea de que a través de la política el sujeto pueda colmar su carencia, ya que el problema es que la carencia no se colma a partir de la satisfacción de lo que necesitamos, sino de lo que deseamos y la esencia del deseo es la de ser insatisfecho.
La política que trata de situaciones complejas es ella misma una tarea infinita. No existe un punto Ideal al final del cual en una especie de coronamiento y conclusión la mutación social de una sociedad pudiera presentarse como completa. No hay principio de completud, de allí que la política solo pueda operar por secuencias. Tal vez esta sea una idea capital si en algún momento decidimos retomar el ejercicio político.-
Bibliografía
Le Monde Diplomatique, Abril 2003.
El perseguidor, año VIII, N° 10. Primavera / verano - 2002 / 2003.
Acontecimiento, año VI, N° 12 octubre de 1996.