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N° 1 - La guerra imperialista

El periodismo en el frente:
¿propaganda o información?

por León Saint
(abril 2003)
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leonsaint@palalbedrio.com.ar

Contaban en la Casa Blanca que George Bush Jr. estaba enojado. "Frustrado", era la palabra que utilizaban algunos de sus colaboradores para explicar el estado de animo de "Mr. President", que no podía contener sus pesadumbres ante las malas noticias que le llegaban desde Medio Oriente.

Bush no estaba enojado con los estrategas del Pentágono, que pensaron que sus fuerzas serían recibidas con flores en cada ciudad iraquí, y que Saddam Hussein iba a ser volado de un soplido por el poderío armamentístico estadounidense. No estaba frustrado, Bush Jr., por la resistencia que presenta día a día el ejército iraquí, ni por las bajas de soldados de su país, ni por las muertes de civiles que produce cada "error" norteamericano. Estaba ofendido el presidente por las preguntas "tontas" de la prensa.

La Secretaría de Estado norteamericana montó desde el primer día del ataque a Bagdad un importante frente mediático para cuidar la imagen ante el público. Nada de sangre, nada de muertos, las bombas no caen en zonas civiles, estamos ganando; viva la liberación iraquí. Uno casi que se podría imaginar al jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, luego de algún bombardeo, preguntando cuántas bajas se le infligieron al enemigo, e inmediatamente después averiguar: "¿Salió bien por televisión?". Tal vez esto no ocurra, y las preocupaciones de Rumsfeld sean demasiadas. Pero el show ya comenzó.

Hace 12 años, la CNN monopolizaba las imágenes de la Guerra del Golfo. Absolutamente controlada por Washington, la cadena estadounidense mostraba las bombas y escondía los muertos. Sólo se veían aquellos pingüinos bañados en petróleo, como un símbolo de lo que dejaba la guerra. Hoy el juego está más abierto, ya que a la CNN y a las otras cadenas norteamericanas (Fox News, NBC, CBS, entre las más importantes), le surgieron competidores: Al Jazeera, el canal de noticias qatarí que se hizo famoso por difundir los mensajes de Osama Bin Laden, pone los pelos de punta a Bush y compañía. Y a esta cadena árabe hay que agregarle Abu Dhabi TV, que tiene sede en los Emiratos Arabes Unidos, y que incluso posee un estudio propio en Bagdad.

Con la popularidad de Al Jazzera, el frente mediático abierto por Bush quedó bastante dañado. Tal es así, que el gobierno norteamericano piensa invertir más de 60 millones de dólares en poner al aire una cadena de televisión árabe maneja por su Secretaría de Estado. Con esto busca llegar al mundo musulmán, donde la imagen de los Estados Unidos está por el piso, desde que Bush puso en una lista negra (a la denominó "Eje del Mal") a varios de los países árabes.

Cuando Al Jazzera mostró a los soldados norteamericanos capturados por Irak, Rumsfeld enfureció y pidió que no se emitan esas imágenes. Incluso llegó a decir que la exhibición de los prisioneros de guerra violaba la Convención de Ginebra de 1948. Una payasada lo del jefe del Pentágono, que se desesperaba de sólo pensar lo que esas imágenes podían provocar en los sensibles ciudadanos estadounidenses.

Las cadenas norteamericanas hicieron caso al llamado de Rumsfeld, y dejaron de emitir las imágenes. Más difícil fue en Europa, donde los medios gráficos de Gran Bretaña, España, Francia, Italia, y demás países publicaron fotos con los cadáveres de los soldados norteamericanos muertos en combate. ¿Pude el gobierno norteamericano tener el control de la información en todo el mundo? Hoy no lo tiene en la mayor parte de los países. Cualquier canal, de cualquier país, puede tener vía satélite las imágenes de Al Jazeera, prescindiendo de la CNN, con una parcialidad notoria en el conflicto. Sí se puede lograr el manejo de la información de su país. De hecho, los ciudadanos norteamericanos asisten a la versión de la guerra que les propone su presidente, como en 1982, los argentinos asistieron a la guerra de Malvinas que contaba la dictadura militar de Leopoldo Galtieri.

El viernes 28 de marzo una bomba lanzada por las fuerzas estadounidenses cayó en un mercado de Bagdad llevándose la vida de al menos 58 personas, todas civiles. La noticia fue completamente ignorada por la prensa norteamericana. Los medios más osados, sólo mencionaron el hecho como algo que sostenían los iraquíes. Nunca la confirmaron. Pero el desastre fue visto por todo aquel que caminaba por la capital de Irak. Habían muerto 58 personas, entre ellas niños y mujeres. Pero eso no fue noticia. Sí en cambio lo fue para los diarios y canales europeos, así como para los latinoamericanos.

El monopolio de la información lesiona a una sociedad; la limita. Porque somete al público a una sola versión de los hechos. Le niega el pensamiento crítico. ¿Cómo se puede ser crítico si se está desinformado? Porque la unilateralidad informativa es precisamente la desinformación. Si todos los medios coincidieran en lo bueno que es Bush, en todo lo que se esfuerza para mantener a los civiles con vida. Si todos dijeran que no hay muertos, ni heridos, y que las armas disparan flores. ¿Qué capacidad tendría una sociedad para discutir esos hechos?

En este ataque a Irak ¿cuántos muertos habrá hoy para los ciudadanos estadounidenses? ¿Cuántos de ellos habrán visto las imágenes de aquel mercado bagdadí destruido y de sus víctimas? ¿Sabrán de la resistencia de las fuerzas iraquíes? ¿Y de la cantidad de bajas que tuvo el ejército de su país? ¿Se darán cuenta de la cantidad de británicos que muere producto del "fuego amigo"?

Al pueblo norteamericano no se lo informa, se lo propagandea. En el genial documental de Michael Moore, Bowling for Columbine, el director muestra cómo los medios manipulan las noticias, para mantener asustada a la sociedad. Cuenta, por ejemplo, que mientras el porcentaje de hechos delictivos descienden, las informaciones sobre asesinatos en los noticieros aumenta.

La propaganda del Pentágono sobre todo lo bueno de la invasión a Irak empieza en el lenguaje. Para la prensa adicta a la Casa Blanca, Saddam Hussein es: "dictador", "tirano", "autoritario", "déspota", "torturador" y "asesino". Bush es "Mr. President". Y siempre es importante hablar de "libertad": el periodismo nunca debe olvidar que esta campaña se llama "Operación Libertad Iraquí".

La intención del gobierno norteamericano es lograr que el público ubique esta guerra a Irak en el mismo lugar a la Segunda Guerra Mundial. Liberamos a Europa de Hitler, liberaremos a Irak de Saddam. Tal vez por eso, los soldados norteamericanos y británicos sean "los aliados", rememorando a las fuerzas que vencieron al nazismo en los ‘40. No es algo senc illo el objetivo de Bush. De esto no pudo convencer a la opinión pública internacional, que repudió ampliamente en las calles los planes norteamericanos. En cambio en su país, según las últimas encuestas, el 70 por ciento la población lo apoya. Aunque una minoría, todavía sale a manifestarse con la decisión de su gobierno.

Para le filosofo francés, Paul Virilio, asegura que el gobierno de Estados Unidos y las cadenas de televisión de ese país llevan adelante una "militarización de la información".

"Estamos en una confusión total. Más que contra Irak, lo que comenzó es una Guerra de Babel. Se multiplican en las cadenas televisivas, imágenes que son una mezcla de lo humanitario y militar. Estas imágenes que nos dan son el instrumento de una propaganda. Buscan demostrar la precisión de la intervención norteamericana", aseguró el escritor a la revista católica Le Croix.

"Las imágenes televisivas son el instrumento esencial de esta gestión con el miedo y de la emoción colectiva. Ver por ejemplo a George W. Bush y su estado mayor en oración, antes de la difusión de imágenes de guerra, no es anodino. Se trata de tele-evangelismo", sostuvo Virilio.

El lingüista estadounidense, Noam Chomsky, cree que el ataque anglo-estadounidense a Irak tampoco puede ser denominado "guerra", ya que la desigualdad de fuerzas es tan desproporcional que anula el término.

"Esto no puede llamarse guerra. Es un país del tercer mundo contra Estados Unidos y el Reino Unido, las dos potencias más grandes de la historia. Entonces la cuestión es: ¿qué clase de masacre va a ser?", dice Chomsky.

Bush se enoja y bombardea los edificios donde la prensa realiza sus trabajos en Irak. ¿Será por eso que el Centro de Prensa de Bagdad, donde trabajan unos 600 periodistas de todo el mundo, fue blanco de los ataques norteamericanos? Desde allí también transmitían Fox News, NBC y la CNN, que ya había sido expulsada del país. El lugar fue atacado por aviones caza estadounidenses. Los periodistas se salvaron porque Bagdad ordenó un día antes la evacuación del edificio.

Bush se ofende, y el periodista Peter Arnett es despedido de la cadena NBC porque, en una entrevista con la televisión iraquí, dice lo obvio: que el plan de ataque norteamericano contra Irak había fallado. El periodista fue finalmente contratado por el diario sensacionalista británico, "Daily Mirror". En su primera columna en ese medio, Arnett volvió a asegurar: "Esta guerra no funciona". También el puertorriqueño Geraldo Rivera, que trabajaba para Fox News, fue puesto en la lista negra del Pentágono por su cobertura "comprometedora" del conflicto. El Mando Central norteamericano en Qatar le "pidió" que se retirara de ese país. La Libertad se ejerce en otro lado.

Se enoja Bush porque se da cuenta que la prensa mundial habla de temas (Vietman) que no deberían ni mencionarse. Se frustra porque muestra imágenes (Muertos) que no debería mostrar. Se ofende porque hace preguntas tontas (¿Se equivocaron en la estrategia, Mister President?). Vamos ganando, por qué me hablan de esto, se debe preguntar el vaquero de Texas.

Bush Jr. sabe muy bien que tiene el control de su país, y de algunos otros más. Pero tal vez entiende que el mundo se le puede escapar de las manos. Entonces se enoja, se frustra. Y se ofende

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