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Número 4 - La protesta

La Argentina fue un principado

por Hector Becerra
(agosto 2003)
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"Todos dicen no, no, no. Es como cuando dicen que va haber devaluación.
Entonces es no, no, no; hasta que ocurre.
En el caso eventual de que hubiera un caos absoluto,
naturalmente se piensa que alguien va a tener que poner orden.
Entonces esa hipótesis lleva a pensar que los militares
seguramente están pensando en la hipótesis.
Si yo fuera (el jefe del Ejército, Ricardo) Brinzoni,
por más que quisiera que no hubiera ninguna perturbación
mi obligación profesional sería tener el plan B por si las moscas".

Del periodista Mariano Grondona, el 11 / JUN / 2002, en su programa de radio.
Levantado por
Página / 12

¿Qué sucedió en nuestro país con la división de poderes? El tema de las extradiciones militares con que el juez español Baltasar Garzón terminó apurando al gobierno argentino nos lleva a preguntarnos si se irá a juzgar a los represores en nuestro país o si se lo hará en terceros países. Todo depende de lo que decida la Corte Suprema de la Nación con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, cuestión que no será nada sencilla si tenemos en cuenta que son dos leyes dictadas por el Congreso de la Nación en un período democrático. Por otra parte se está discutiendo furiosamente la incorporación del jurista Raúl Zaffaroni a la Corte Suprema de la Nación.

En una entrevista que el periodista Sergio Moreno le realiza hace unos días para Página / 12, el canciller Rafael Bielsa sostiene que durante una década "el Poder Judicial actuó como una ambulancia que recogía los heridos del Ejecutivo". Nos pareció sumamente interesante detenernos en esa frase tan alejada del discurso académico. Una idea que por su contenido metafórico condensa y grafica a la vez ciertos temas que quisiéramos abordar en este escrito.

Se está discutiendo sobre el genocidio, sobre los alcances del significado del término ya que aquello a lo que alude el concepto es tan vasto y complejo que pareciera que todo el tiempo su definición va adquiriendo nuevos matices, o reparando en distintos costados. Nosotros pretendemos seguir esa línea que Bielsa –tal vez sin saberlo- nos propone, remitiéndonos a la última dictadura.

Algunos antecedentes. Cromwell subrayó en Instrument of Government (1653) la necesidad de contraponer a un Parlamento fuerte un gobierno capaz de actuar. En este poder veía la mejor garantía para evitar los peligros tanto de la democracia pura como de la monarquía pura.

El más influyente teórico de la división de poderes fue Montesquieu. En su libro Esprit des lois (1748) planteó que la división de poderes podía ser concebida como freno de poderes. Según este autor, sólo podía haber libertad donde el poder estuviera repartido entre varias personas o instituciones que se controlan mutuamente. Según su teoría existen tres poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Estos poderes deben ser ejercidos por personas distintas, independientes entre sí, pues, en otro caso reina el despotismo, que es la autoridad absoluta no limitada por las leyes.

La objeción principal contra la división de poderes reside en el temor de que tal división conduzca a la paralización mutua de los poderes y a la desintegración de la comunidad. Hobbes en el Leviatán lo formuló con precisión: "Los poderes divididos se destruyen mutuamente".

Con la declaración de la independencia americana aparece la teoría de la división de poderes en los textos constitucionales. Ya antes de la entrada en vigor de la constitución de la Unión americana estaba consagrada constitucionalmente en varios de sus Estados el principio de la separación de poderes. En la Asamblea Nacional francesa la teoría de la división de poderes entró en conflicto con la teoría de la soberanía del pueblo como la había postulado Rousseau en el Contrato Social. La Asamblea solucionó el conflicto con la idea de que interpretaba la división de poderes no como división de la voluntad comunitaria y de la soberanía, sino simplemente como una división de funciones. El artículo 16 de la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano afirma: "Toda sociedad en la que no esté asegurada la garantía de los derechos y reconocida la división de poderes, carece de constitución". Esta definición ha influido ampliamente en el pensamiento constitucional de Europa continental.

División de poderes en la democracia moderna. Dicen los politólogos que en la actualidad el problema reside en el predominio del ejecutivo, lo que de alguna manera diagnostica el canciller Rafael Bielsa. El gobierno y la administración logran limitar la influencia de los parlamentos, por lo que a éstos les resulta cada vez más difícil el control del gobierno.

El sistema de partidos que por un lado representa un elemento importante dentro del sistema, por otro quebranta frecuentemente la práctica de la división de poderes. Según la constitución en los Estados Unidos rige la división de poderes entre gobierno y Parlamento, pero en la práctica el presidente es también el jefe del partido que puede disponer de la mayoría en el Congreso, con lo que legislativo y ejecutivo están con frecuencia estrechamente vinculados entre sí. La separación que se postula entre actividad legislativa y ejecutiva queda así prácticamente suprimida. Ciertamente, las leyes son votadas por los parlamentos; pero en gran medida son preparadas, elaboradas y formuladas por la burocracia del partido.

Suma de poder. El argentino Luis Alberto Romero en Breve historia contemporánea de la Argentina nos recuerda que el 24 de marzo de 1976 la Junta de Comandantes en Jefe, integrada por el general Jorge Videla, el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti se hizo cargo del poder en Argentina, sentó las bases de lo que dio en llamarse Proceso de Reorganización Nacional y designó presidente de la Nación al general Videla, quién además continuó al frente del Ejército hasta 1978. Los mandos militares intentaban concentrar en sus manos todo el poder con la promesa de reestablecer el orden y la seguridad.

No debería pasarnos desapercibido el hecho de que Videla junto a los otros dos militares se ubicaba en el vértice imaginario del triángulo del poder integrando la Junta. Un escalón más abajo el mismo Videla -¿el mismo?- aparece como presidente de la Nación y descendiendo un peldaño más Videla jefe del Ejército. ¿El mismo Videla? En apariencia sí. De acuerdo al funcionamiento institucional propio de las Fuerzas Armadas las órdenes bajan por la cadena de mando

–algunos la llaman ley del gallinero. ¿Pero, cómo habrán pensado los militares este desdoblamiento de Videla que lo hacía aparecer en tres escalones diferentes, lo cual traía como consecuencia –por lo menos inmediata- que terminara mandándose a sí mismo?

¡Orden, orden, orden! Como dice Grondona en el epígrafe: ante la eventualidad de un caos absoluto se piensa en alguien que ponga orden y los militares siempre están pensando la hipótesis de poner orden. ¿Por qué los militares se obsesionan tanto con el orden? ¿Adónde los llevó tanto orden? Pero además, ¿por qué los militares?

No desconocemos que el caos económico de 1975, la acción de las organizaciones guerrilleras, la de la Triple A, la crisis de autoridad crearon las condiciones para la aceptación de un golpe de Estado. Sucede que la acción de poner orden pone en juego una manera de pensar todo aquello que se refiera al orden. Entramos de lleno en el terreno de la ideología. El filósofo esloveno Slavoj Zizek dice en El sublime objeto de la ideología que la ideología es una realidad social cuya existencia implica el no conocimiento de sus participantes en lo que se refiere a su esencia.

¿Qué es lo que los militares parecían desconocer? Que la forma en la cual referenciaban el poder los termina llevando a la locura. ¡Sí, sí, por supuesto que a la locura! Vamos a fundamentarlo. Cuando los militares realizan el golpe de Estado intentan concentrar todo el poder en una Junta de Comandantes en Jefe: el Ejército, la Armada y la Aeronáutica. Tres armas son las que intentan reemplazar –justamente- a los tres poderes. ¿Habrán pensado los militares en esta homologación? Ahora, Montesquieu sostiene que los poderes deben ser ejercidos por personas distintas, independientes entre sí, pues, en otro caso reina el despotismo. En las tres armas tenemos tres Comandantes en Jefe distintos. La Junta elige presidente a uno de ellos. Pero, resulta que a consecuencia de lo que hemos descrito que sucede entre las funciones y las personas, uno de ellos se auto-elige presidente, el mismo que –por otra parte- era Jefe del Ejército.

Entonces, ¿es la Junta de Comandantes la que transfiere poder al presidente, o es el jefe del Ejército el que transfiere poder a la Junta? ¿A esta altura, los militares se habrán dado cuenta adónde se les había ido la idea de orden? Evidentemente, de acuerdo a la línea que propone Zizek, se pone en juego un problema ideológico que no aparece como pensamiento, sino en acciones concretas.

Si alguien se pregunta por qué el ejército lleva el rol preponderante, respondemos categóricamente: porque es el arma más antigua de las tres. Porque a raíz de las invasiones inglesas de 1806 y 1807 se crea un ejército que lleva el nombre de Patricios, palabra que proviene del latín: patricius, patris, que es padre. Si tomamos en cuenta que la Argentina se declara Nación libre y soberana el 25 de mayo de 1810 caemos en la cuenta que tenemos un ejército que termina siendo más antiguo que la Nación misma a la cual pertenece. Si los reyes suponen que el poder es divino (proviene de Dios) los militares terminan suponiendo que el poder les viene de ser los padres de la Patria.

Videla heredero de la tradición patricia se constituye en el dictador de turno, el poder absoluto lo termina convirtiendo en un déspota que lentamente se va quedando sólo, sin marcos referenciales. Se queda primero sin el reconocimiento de los ciudadanos porque los ciudadanos no lo habían votado; aunque en la Argentina de aquel entonces se podía argumentar que no había sido una elección democrática pero había un consenso popular. Por otra parte se había quedado sin sus camaradas porque ellos pertenecen a otras armas que no tienen ni la tradición ni el peso del Ejército. Videla se convierte primero en un déspota, luego en un militar que tiene la certeza que puede velar por la salud de la Nación; es decir un loco. El célebre psicoanalista francés Jacques Lacan en algún momento sostuvo que un loco que se cree rey no está más loco que un rey que se cree rey.

Talking-cure. La sociedad va conociendo cada vez más los trágicos detalles de una realidad que se percibía pero no se podía aceptar, ni entender. Sería importante detenernos en la acusación que se le hace a la sociedad de haber justificado el accionar de la represión con el argumento del "por algo será". Una de las primeras explicaciones que Freud da acerca de lo que es un trauma psíquico es aquella que sostiene que se trata de perceptos no reconocidos: cuestiones vistas y oídas que no pueden ser relacionadas e integradas en el pensamiento. La respuesta psicoterapéutica al trauma es la talking-cure, la cura por la palabra. La única manera de elaborar el trauma es poner en palabras lo percibido.

Además de la clausura de los tres poderes, los partidos políticos y los sindicatos quedaron prohibidos, los medios de comunicación fueron sometidos a una explícita censura lo que impedía toda alusión crítica. Los políticos, gremialistas, artistas e intelectuales eran vigilados cuando no desaparecidos. Al no contar con los espacios colectivos -periódicos, revistas, radio, TV, cine, teatro, etcétera- donde la gente pudiera relatar, vivenciar, dramatizar, lo que sucedía, esos perceptos quedaran aislados, la percepción de lo que sucedía podía ser homologada con un sueño, con una fantasía, con una identificación con el represor. El argumento "por algo será" es la verbaliz ación de que se ha producido en el sujeto una identificación con el agresor, a tal punto que han desaparecido todos los mecanismos del aparato psíquico que le permiten a ese sujeto defenderse. Esa identificación –que Freud llamaría primaria- del sujeto con el agresor determina –paradójicamente- la desaparición misma del sujeto. A esta desaparición del sujeto, en el campo de la política bien se la podría denominar terrorismo.

La historia argentina reciente nos muestra que una situación caótica no se resuelve con la concentración del poder en una dictadura que termine imponiendo el orden como principio rector de todas las cuestiones. Sobre todo porque ese principio rector implica la puesta en marcha de una ideología. Tal vez antes de concluir este escrito podríamos avanzar un poco más en esta idea.

Platón –al decir de Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos- fue uno de los teóricos sociales que más influencia ha tenido. Sus teorías se originan en la idea de que la sociedad y, en realidad todas las cosas se hallan en incesante decadencia. De allí que en la República Platón sostenga que el bien es todo aquello que preserva y el mal es todo aquello que destruye o corrompe. Platón

–que era de sangre real- creía que la ley de la decadencia podía ser superada por la voluntad moral del hombre merced a un ordenamiento que suprimiera todo cambio.

Lo sepa o lo ignore, lo teorice o no, la derecha conservadora tiene sus raíces ideológicas en esta teoría. De allí que –para Platón- el mejor Estado es aquel que se halla libre del mal del cambio y la corrupción, el Estado detenido. ¿Quién iba a suponer que esa expresión, tan teórica, tan filosófica, pudiera con el paso del tiempo terminar describiendo tan exactamente lo sucedido en la Argentina?

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